La política monetaria corre detrás del mercado

El tipo de cambio no detiene su carrera alcista y ahora se lo busca contener con el retiro de unos $100.000 millones del sistema, pero desde el 1 de septiembre. Reclaman un plan contundente y claro.

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El Gobierno mostró reflejos para obtener financiamiento externo por parte de los organismos internacionales, como el FMI y, en menor medida, el BID, Banco Mundial y otros. Y el timón de esa iniciativa lo tomó, en una extrema exposición pública, el presidente Mauricio Macri.

Pero para los mercados, los operadores financieros, en particular del resto del mundo, esa red no les resulta suficiente, porque a la distancia sólo encuentran respuestas para resolver un problema de stock pero no de flujos de caja. Esto es, hoy las necesidades financieras externas hasta fin de 2019 se estiman en unos USD 60.000 millones, de los cuales el FMI garantiza USD 50.000 millones y otros organismos los USD 10.000 millones restantes, en números redondos, y según se desprende de los datos del Gobierno. Si se agregan vencimientos en moneda nacional, ascienden a unos USD 90.000 millones, según estimaciones privadas.

Además, el flujo de financiamiento en perspectiva crece al ritmo del tipo de cambio, porque lo que estarían viendo los analistas internacionales es que los vencimientos de intereses de la deuda pública se pagan con pesos, que luego son convertidos a dólares, yenes, euros, o la divisa en la que estén nominados los bonos emitidos.

Y en un escenario donde el equipo económico, que como tal no tiene una cabeza claramente visible, y que se resiste a explicitar el plan, y las consistencias de política monetaria, fiscal, cambiaria y tarifaria, para converger a una menor inflación, y fundamentalmente el plan financiero adaptado a las nuevas circunstancias, no sorprende que se repliegue aún más la mínima oferta de divisas privadas, y crezca la demanda.

¿Quién estaría dispuesto a liquidar una exportación si tiene la perspectiva de que al día siguiente recibirá más pesos?, mientras que del otro lado, los que tienen liquidez buscan anticiparse para atesorar dólares a un precio menor al de mañana, en particular aquellos que tienen compromisos en moneda extranjera, como los importadores.

Frente a ese cuadro, la reacción de la autoridad monetaria fue anunciar anticipadamente la suba de la tasa de política monetaria a 60% anual, y elevar los encajes bancarios en 5%, a partir del 1 de septiembre, para quitarle liquidez al mercado, unos $100.000 millones, equivalente a menos de USD 3.000 millones.

Se trata de medidas tardías y aisladas, porque una parte de los economistas ortodoxos las venían pidiendo desde hace varios meses, en la lógica de pensar que hay un “sobrante de pesos que se canaliza al dólar”.

Sin embargo, esa lectura que parece ser válida para una muy pequeña parte de la población, menos del 5% de los 47 millones de habitantes compran dólares porque tienen capacidad de ahorro, y cualquiera sea el nivel del tipo de cambio lo seguirán haciendo.

En el gran abanico del 95% del resto de los habitantes, es probable que la mitad haya comprado y compre esporádicamente un dólar, pero en general vive al día, por eso la economía entró en recesión, el consumo se debilita y el empleo ya acumula 6 meses en caída, moderada pero baja al fin.

De ahí que no alcanza con las expresiones de buenos deseos y la red de contención financiera del Fondo Monetario Internacional para estabilizar el mercado de cambiar, y, sobre todo, revertir las expectativas negativas internas y externas sobre los efectos de una devaluación que ya está en el 100%, aunque dicho correctamente redujo a la mitad el valor del peso.

El mercado reclama un plan económico contundente de emergencia, junto con un acuerdo político, y también con líderes empresarios, de manera de poder alargar el horizonte sobre la sustentabilidad fiscal, monetaria, cambiaria y tarifaria. Eso requiere también explicitar el nuevo plan financiero. -> 234951