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Cómo nació Lindaflor La Violeta, el «experimento a escondidas» de Marcelo Pelleriti

Por Mauricio Llaver, Director periodístico de Punto a Punto

Hace unos años, Marcelo Pelleriti me regaló una botella, sin etiqueta, de un vino que había hecho con granos de uva fermentados directamente en una barrica. Era un experimento que crearon con Catherine Peré-Vergé (propietaria de Monteviejo) y Michel Rolland, que tuvo una salida graciosa: Madame Catherine había ordenado que hicieran sólo dos barricas y Marcelo hizo otras dos a escondidas; cuando probaron el vino, le confesó lo de las barricas ocultas, y Madame, que tenía un carácter bravísimo, se enojó. Pero Rolland la miró y le dijo, mientras se reía: “No tenemos que reprocharle que hiciera cuatro; tenemos que reprocharle que no hiciera treinta”. Así nació Lindaflor La Violeta, una línea que está siempre en mi top-top de vinos argentinos. Y elijo esa por no elegir los Chardonnay de Monteviejo o los Petite Fleur, que podría tomar todos los días. Lo más impresionante de Pelleriti es la naturalidad con que hace las cosas, desde ser un súper experto en microvinificaciones hasta compartir escenario musical con un perfeccionista como Pedro Aznar. Sus logros son fenomenales: primer enólogo argentino en conseguir un 100 Parker; creador del Wine Rock (así, de pasada, después de un asado de fin de cosecha), y ahora -esto es primicia-, alguien que está componiendo sus propios temas musicales y aprendiendo cine en Nueva York. Y último: ningún comentario sobre el Marce estaría completo si no dijera que es un gran tipo, querible, familiero, de una sola cara, y amigazo del alma para los que tenemos la suerte de conocerlo bien.

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