Bodegas López anunció que desde este mes, estará a cargo de la representación de la bodega chilena MontGras en la Argentina.
Sus viñedos están ubicados en el fresco Valle de Leyda, una de las más reconocidas regiones de Chile para el desarrollo de variedades premium de climas fríos costeros y a sólo 12 km del Océano Pacífico.
“MontGras nos invita a descubrir una bodega especializada en innovar y sorprender, con enfoque en lo sustentable, de una manera audaz, dedicada, detallista, diferente y con pasión”, destacó la bodega Bodegas López.
Los vinos que ya forman parte del catálogo de distribución de Bodegas López son los siguientes:
Amaral Pinot Noir. Es un vino 100% Pinot noir.
Amaral Sauvignon Blanc. Es un vino 100% Sauvignon Blanc.
MontGras Late Harvest Gewurztraminer. Es un vino 60% Gewürztraminer y 40% Sauvignon Blanc.
La enología está a cargo de Benjamín Leiva.

Sobre MontGras
Viñedos
Ubicados en el fresco Valle de Leyda, una de las más reconocidas regiones de Chile para el desarrollo de variedades premium de climas fríos costeros. Amaral es un viñedo único en esta región, siendo el más cercano al Océano Pacifico (sólo a 12 km) y colindante con el río Maipo.
Clima
La fuerte influencia del Océano Pacífico y la desembocadura del Río Maipo generan intensas neblinas matutinas que se disipan cerca del mediodía, permitiendo que el calor y la luz penetren. Este breve período de exposición gradualmente aumenta la madurez de las bayas, en un clima fresco que favorece la producción de vinos con una marcada tipicidad y frescura.

Suelos
El suelo en Amaral es verdaderamente excepcional. Su composición incluye una base de rocas intrusivas graníticas, sobre la cual se superponen secuencias de rocas sedimentarias clásticas asociadas a ambientes de depositación marina con acumulación de gravas, que lo convierte en un entorno sumamente interesante y complejo.
Se pueden identificar tres unidades distintas: la base granítica, la de sedimentos marinos y la de gravas.
Temporada y cosecha
La temporada 2024 fue extrema, como suele ser en Leyda, con un inicio más frío de lo habitual, lo que ralentizó y pausó el crecimiento. La maduración fue muy lenta; los clásicos días nublados contribuyeron a este ritmo. Sin embargo, el verano se presentó más cálido, lo que aceleró la maduración en marzo y, con ello, la cosecha. El resultado son vinos de agradable expresión y una acidez crocante, característicos de Leyda.




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