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Las (no) reglas del vino

Mauricio Llaver escribó hace unos años estas reglas desenfadadas para disfrutar del vino. Y no las ha cambiado “ni en una gota”.

Por Mauricio Llaver, director de Punto a Punto

  • Si un vino me gusta, no hay crítico ni especialista ni enólogo que me vaya a convencer de que es mediocre o malo.
  • Si un vino no me gusta, no hay crítico ni especialista ni enólogo que me vaya a convencer de que es bueno.
  • Muchísimas veces, algunos vinos de alta gama me hacen dar más ganas de tomar agua que de tomar otra copa.
  • En las degustaciones, me suele suceder que escucho muchas más cosas de las que puedo percibir. Envidio la capacidad de los que hablan de los vinos. Yo no tengo tanta imaginación.
  • Cuando tomo un vino no me interesa si tiene fermentación maloláctica o maceración carbónica. Me importa que me guste o no. Las cuestiones técnicas corresponden a los winemakers, que para eso estudian. Lo mío es sentarme en la silla del placer, no la de la técnica.
Mauricio Llaver durante un cierre de año del programa de culto «In Vino Veritas», con Hervé Birnie-Scott, José Bahamonde, Susana Balbo, Daniel Pi, Roberto González, Mariano Di Paola, Roberto de la Mota y Marcelo Pelleriti.
  • Desconfío profundamente de los comisarios del gusto. No me gustan los comentadores que dicen que un vino es mejor que otro. Respeto a los que dicen que les gusta más uno que otro.
  • Mis gustos sobre el vino varían con los días, con las comidas, las compañías o los estados de ánimo. No hay un vino absoluto ni un estilo absoluto. Hay vinos que me gustan en un determinado momento, y punto. Y otros que en algunas ocasiones no me impactan tanto como lo hicieron alguna vez.
  • Lo maravilloso del vino es que me ofrece opciones para todas esas situaciones de las que hablaba antes. Siempre hay alguno para el momento en que lo quiero tomar. Y explorar todas las posibilidades es fascinante.
  • Para aprender de vinos, no sirve leer ni pedir consejos ni mirar programas de televisión: hay que tomar vino. No hay ningún otro camino. No le hagan caso a nadie sobre qué deben tomar o no. Prueben todos y hagan su propio camino. Lo mejor es que, como nunca vamos a encontrar el vino definitivo, nos llenaremos de placer mientras lo buscamos incesantemente.
  • Nunca hay que subestimar lo que dicen los mercados, por más que algunos vinos exitosos no nos gusten. Por algo los consumidores los eligen, a veces durante décadas. Nadie tiene derecho a hablar de esos vinos con una sonrisa desdeñosa, porque en definitiva quienes nos hacen una sonrisa desdeñosa a nosotros son los accionistas de las bodegas.

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