Mendoza Newsletter de Mauricio Llaver

En Pomerol con Pelleriti, el asado más loco del vino, y los recuerdos que se agolpan / Wine Celebration, Newsletter de Mauricio Llaver

Con Marcelo Pelleriti fui muchas veces a Pomerol e hice una especie de Master en vinos franceses. Y durante la feria Vinexpo, Marcelo organizaba en Chateau Le Gay un asado para los argentinos que estaban por allá, entre ellos Mariano Di Paola, Roberto de la Mota, Walter Bressia, Susana Balbo, Daniel Pi, Marcelo Belmonte y muchos otros amigos del vino. Aquí, lo que escribí sobre aquellos recuerdos en “Viajes con el alma despierta”.
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Acabo de editar “Viajes con el alma despierta”, que contiene muchos relatos de viajes relacionados con el mundo del vino. Aquí reproduzco uno de sus capítulos. El libro se consigue en la librería García Santos, en Mendoza (Avenida San Martín 921 de Ciudad, teléfono 4292287) y en el sitio web de la editorial Tinta Libre Ediciones. El link para la compra es https://tintalibre.com.ar/book/1332/Viajes_con_el_alma_despierta  El libro puede ordenarse en papel (con envío a domicilio a cualquier parte del país) o en e-book, para los acostumbrados a leer en pantalla. También estará pronto disponible en Mercado Libre y Amazon.

EL LUJO DE ESTAR EN POMEROL CON PELLERITI (Y AQUEL ASADO EN CHATEAU LE GAY)

Estar en Pomerol con Marcelo Pelleriti es un lujo de los dioses. Marcelo es el enólogo de Chateau Le Gay, y fue el primer enólogo argentino en elaborar un vino de 100 puntos en la escala de Robert Parker, con un Chateau La Violette 2010. Pomerol es su casa en Francia, tanto como la bodega Monteviejo lo es en nuestra Mendoza natal.

Varias veces me quedé en el chateau, con él y otros amigos y colegas, y lo bueno es que conocí cómo se trabajaba, cómo se cosechaba, cómo se comía, no sólo en Pomerol sino en sus alrededores. Que son nada menos que ciudades como Saint Emilion o la misma Bordeaux. Estando todo a mano, era cuestión de subirse al auto y estar en unos minutos en el centro del mundo vitivinícola francés.

Gran mesa en Chateau Le Gay, con viñedos por los cuatro costados de la casa.

A 400 metros de Chateau Le Gay está Chateau Petrus. Petrus, una de las catedrales del vino. Yo salía a estirar las piernas y estaba allí. Caminaba por una calle que divide a los viñedos más caros de Francia y que no tenían ningún alambrado que los protegiera. Llegaba a Petrus y veía cómo bajaban turistas chinos, europeos, americanos. Eso es lo que logra una gran marca: vender vinos a 500 euros la botella y ganarse el respeto del mundo entero.

Daniel Pi y Mariano Di Paola.

Con Marcelo estaba Henri Parent, el propietario de Le Gay y Monteviejo, hijo de la fundadora Catherine Peré-Vergé, y Henri nos recibía como si fuéramos amigos de toda la vida. Algunas mañanas pasaba por la casa y dejaba unas croissants recién horneadas, que desayunábamos con fruición. Un par de veces, durante la feria Vinexpo, partimos en grupo a Cap Ferret, donde había una suerte de rito al atardecer: una navegación en bote, unas tablas de fiambres magníficos, y botellas varias de vinos y champagnes. Una tarde, mi amigo Federico Croce nos sacó una foto a Marcelo y a mí en la que parecemos dos artistas. Debe ser por el contexto, porque mientras navegábamos, Henri señalaba hacia la costa y nos contaba: “Esa es la casa de Marion Cotillard”, “esa es la casa de tal o cual”. Todas las estrellas francesas parecían tener casa en Cap Ferret.

El periodista brasileño Jorge Lucki y Roberto de la Mota.

En Chateau Le Gay hice el asado más loco de mi vida.

Marcelo invitaba al chateau a muchos argentinos que iban a Vinexpo, e hicimos un asado “a la francesa”. El corte de carne era un “entrecote” y al fuego lo hicimos con sarmientos. Como el Marce estaba de anfitrión, me encargué yo, y tuve como asistente al amigo Yves, un francés de Normandía que trabajaba para la familia Peré-Vergé. Yves quería sacar la carne rapidito, medio sanguinolenta, y yo le explicaba que para los argentinos eso era demasiado crudo.

Susana Balbo y Sol Asensio.

Había un seleccionado de amantes del vino de todo tipo. Cracks de la enología como Mariano Di Paola, Roberto de la Mota, Walter Bressia, Susana Balbo, Daniel Pi, Marcelo Belmonte, y vinófilos como Julio Camsen y su hija Melanie, mi amigo de la vida Alejandro Camus, Sol Asensio, Guillo y Diego Banfi, Enrique Chrabolowski, Federico Croce, y otros que pasaban un rato, probaban un vino y un trozo de carne, y seguían viaje. Al asado lo hice en el patio y comimos adentro del chateau, bien estilo francés: un salón cuadrado en alto, con ventanas por los cuatro costados, rodeado de viñedos. Comíamos el asado, tomábamos una variedad de vinos envidiable, conversábamos y mirábamos los viñedos. Mejor que eso, no existe.

Marcelo Pelleriti y Walter Bressia.

Los recuerdos de los viajes a Pomerol se agolpan.

La primera vez que estuve, con José Manuel Ortega Fournier y José Spisso, y me llevaron a la terraza de Saint Emilion: la belleza de esa vista no se puede transmitir. Nos quedamos en una casa en la zona antigua de Bordeaux, cuya calle y fachadas podrían haber sido del siglo 17.

Una cena en Saint Emilion, en un restaurante al que se entraba por una escalera pequeñita, con un Merlot que Julio Camsen probó y sentenció: “A este no tenemos por qué cambiarlo”. Y todas las botellas de la cena fueron de la misma etiqueta.

Con Enrique Chrabolowski, Julio Camsen y Diego Banfi, en la terraza de Saint Emilion (uno de los lugares más bonitos del mundo).

Una cena con el equipo comercial de Monteviejo, capitaneado por Gustavo Paolucci, con invitados en “L’Envers du decor”, donde las paredes y algunas mesas están hechas con madera de cajas de vinos. En el patio tuvimos una cena inolvidable, entre otros con Emilio Garip, del restaurante Oviedo de Buenos Aires.

Una jornada de lujo en Chateau Lafite Rothschild, uno de los templos del vino, con Estela Perinetti como anfitriona por la parte argentina. Otra en Cheval Blanc, con un grupo muy divertido que incluía a Walter Bressia y a Joe Fernández. Y una más en Chateau Smith Haut Lafitte, en Martillac, con Pepe, Ana, Sebastián y Julia Zuccardi, extraordinariamente amables y gentiles como siempre, y mis amigos Fede Croce, Fede Lancia y Gustavo Flores Bazán.

Con Gustavo Flores Bazán, Federico Croce, Federico Lancia, Sebastián y Pepe Zuccardi en Chateau Smith Haut Lafitte.

Las escapadas a Bordeaux, con el trencito, las tiendas, las caminatas por la orilla del río Garonne y mi restaurante favorito: Le Carré (donde probé por primera vez el magret de canard rosé).

La vendimia 2012 en Le Gay, cuatro semanas en que vi en acción a Pelleriti, desde temprano por la mañana hasta tarde en la noche, con su equipo argentino de laburantes y yo de colado.

Y muchas memorias más, incluyendo la gira 2011 con un equipo de nombres para el asombro.

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