DESTACADA Mendoza

«La idea es considerar al turismo como un canal de ventas en sí mismo»

 

El cordobés Santiago Achával y el italiano Roberto Cipresso dieron forma durante años a la idea de crear una bodega que vendiera la totalidad de su producción “in situ”. Así crearon Matervini, que abrió en diciembre de 2015 y ya es un “leading case” en el ámbito vitivinícola. Punto a Punto entrevistó a ambos en la bodega de Perdriel.

-¿Cómo nació la idea de Matervini?

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Roberto Cipresso: Fue en 2002, durante un viaje a Cafayate con los socios de Achaval-Ferrer. Todos estábamos muy felices con Mendoza, las condiciones del suelo, el clima, el paisaje, el Malbec, pero encontramos que el carácter del suelo se modificaba mucho cuando se tomaba distancia de la montaña. Ahí vimos que en la pre-cordillera había como una “tierra madre” por explorar.

-¿Cómo es esa “tierra madre”?

-Es algo que contiene al Aconcagua, que tiene 30 millones de años, y a la pre-cordillera, que tiene 300 millones. Es algo increíble y un día dijimos: “Si sumamos todo ese regalo de la naturaleza, tenemos un Disney World del vino”.

-¿Y cómo encararon el proyecto?

Santiago Achával: Salimos a buscar tierras que estuvieran por fuera de la Ruta 40, que es el eje sobre el cual están las principales bodegas. Empezamos a buscar paños chicos de tierras, hasta que en 2006 encontramos tres suelos completamente diferentes, que en total suman unas 20 hectáreas en diferentes regiones.

-¿Dónde están?

-Uno en El Challao, a 1.600 metros de altura. Otro en Perdriel, otro en Canota, al pie del hotel de Villavicencio, y uno más en Chacayes. También tenemos dos vinos de Salta, de Yacochuya y Molinos.

-¿Qué buscan con eso?

-Un viaje geográfico y geológico a través del Malbec. Cuando nos preguntan qué viene detrás del Malbec, nuestra respuesta es “más Malbec”, que es el intérprete de nuestro terroir por excelencia.

-¿Cómo plasmaron eso en Matervini?

-Estudiamos cómo sobrevivían las bodegas pequeñas en California y vimos que lo hacían a través de la venta directa a turistas y de Wine Clubs. Yo soy dueño de la bodega The Farm Winery en Paso Robles, California, y con su licencia de importación podemos enviar desde aquí nuestros vinos para los compradores de Estados Unidos. Contratamos a Cristian Centurión como asesor en venta directa y desde el principio funcionamos muy bien. La idea es considerar al turismo como un canal de ventas en sí mismo.

-¿Cuántos miembros tiene el Wine Club?

-Empezamos en septiembre pasado y ya tenemos 175. Se suman unos 40 por mes y el objetivo es llegar a 1.500.

-¿Vende más el club que la bodega en sí misma?

-Sí, pero en la bodega también se vende mucho a los visitantes. Acá mostramos la experiencia completa del vino, desde la vista del viñedo hasta la observación de cómo se elabora. Tenemos entre 300 y 350 visitantes por mes y todos degustan nuestros vinos, porque es muy raro que alguien compre un vino sin haberlo probado antes. El fee es de 20 dólares, que es una manera de recuperar costos y seleccionar al público. El concepto es que todos sepan que el vino se consigue sólo aquí o a través del Wine Club.

-¿Cómo se compone el público?

-Casi todos son extranjeros. Un 60% viene de Estados Unidos, 30% de Brasil y el resto de distintas nacionalidades.

-¿Qué precios tienen los vinos?

-Según las zonas, son de 35, 45 y 90 dólares la botella. Y cuando esté listo nuestro Piedras Viejas, con uvas de El Challao, constará 150 dólares. Calculo que sólo elaboraremos unas 200 botellas.

Achával y Achaval

El apellido de Santiago se escribe a veces con tilde y a veces sin ella. La explicación proviene de que, como apellido, se escribe Achával. Pero como marca, cuando crearon Achaval-Ferrer, decidieron quitarlo porque generaba problemas en el idioma inglés y con algunas cuestiones relacionadas con la comunicación electrónica.

 

Achával y Cipresso durante la nota con Punto a Punto.

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