Mendoza Newsletter de Mauricio Llaver

Mendoza: ¿Dos curvas aplanadas? / Newsletter de Mauricio Llaver

Los mendocinos pagamos nuestras deudas. Semana decisiva con los contagios de coronavirus. Mi vida (nada épica) con Covid. Salud: de cuando el mundo vivía sin anestesia (hace tan poquito…). Prat Gay y el huevo o la gallina de la crisis. ¿Cambio de moneda en marcha? Y un vino, por supuesto.

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27 de septiembre 2020

UNA DEUDA MÁS LLEVADERA. Mendoza aplanó esta semana una curva importante, la de los pagos del bono PMY24, una deuda de US$ 530 millones que ahora va a ser un poco más llevadera. En resumen, por cada 100 dólares que teníamos que pagar hasta 2024, ahora pagaremos 75 dólares y cuoteados hasta 2029. Esa fue, grosso modo, la renegociación, aunque los detalles técnicos sean mucho más sofisticados. Lo que importa también es que somos la primera provincia en renegociar nuestra deuda, y es otro hito para mostrarnos como diferentes en un país que sólo está dando malas noticias. En 2001 –cuando pensábamos que nunca íbamos a repetir una crisis como aquella- evitamos el default. Hoy fuimos los primeros en renegociar. No es para echar fuego a ninguna aventura alocada, pero es una conducta que sirve para mostrar que los mendocinos no somos unos cancheros que defaulteamos a la primera ocasión. No sabemos cuándo esa conducta diferencial podrá ser decisiva…

¿HABREMOS ZAFADO DE LO PEOR? También tenemos la otra curva, la del Covid, con la cual caminamos todos los días, descalzos entre las brasas, para no volver a la Fase 1. Esta semana hubo un retroceso preventivo el Día del Estudiante, y en los próximos días sabremos si fue exitoso. En el gobierno lo resumen así: “Estamos conformes con la respuesta de los mendocinos y así lo indican las mediciones de circulación que tenemos. Pero es imposible saber si no hubo reuniones clandestinas que hayan empujado el número de contagios”. Como los síntomas tardan unos días en aparecer, hay que esperar a esta semana. Todos cruzan los dedos. Pero en este tema va apareciendo otro dato distintivo: de las provincias grandes, somos la que más días de libertad relativa ha tenido en todo el país desde que nos la jugamos con el Distanciamiento (8 de junio) para reemplazar al Aislamiento obligatorio. Nadie sabe cómo termina la novela, pero es apreciable el esfuerzo por mantener el difícil equilibrio entre salud (física y mental) y economía. Ojalá pronto aplanemos también esa curva.

MI (NADA ÉPICA) VIDA CON EL COVID. Esta semana me diagnosticaron positivo de Covid. Y por suerte para mí –y mi familia, también contagiada- no ha sido nada épico. Apenas algunos dolorcitos musculares, unas pocas veces, y que quizás se debían a cualquier otra cosa. Ha sido como una gripecita. El diagnóstico llegó por un hisopado preventivo a mi esposa por contacto con alguien que había dado positivo. Y ahí saltó la cosa, porque de lo contrario ni nos hubiéramos dado cuenta. Eso me hace reflexionar sobre la imperfección de las estadísticas que debemos estar manejando, porque es probable que haya miles –o decenas de miles o centenas de miles- de casos en todo el país que deben estar pasando sin diagnóstico. Lo cual no deja de ser una suerte pensando en el personal sanitario, que le está poniendo el pecho a las balas de manera ejemplar –ahí sí con dimensiones épicas-  contra toda la incertidumbre, la presión, la desesperación económica, el cansancio, el descuido y a veces la irresponsabilidad de una población que también se vio arrollada por este bicho inesperado.

ACOSTUMBRARSE A CONVIVIR. Lo que más claro me queda de este episodio es que, cuando vuelva a circular, tendré los mismos cuidados que antes. Uno, por las dudas sobre las mutaciones y las cepas y todo eso, y lo otro porque no hay manera de hacer saber a los demás que ya lo tuve. Aun cuando me haga el examen que demuestre que generé anticuerpos, ¿qué voy a hacer, salir con una remera que diga “¿Yo ya lo tuve?». Señores, esto viene para largo y habrá que acostumbrarse a convivir con el coronavirus, a tener nuevas distancias, a volvernos más “nórdicos” en nuestros comportamientos, a tomar más precauciones de todo tipo. Será como los aeropuertos después del atentando a las Torres Gemelas: todo cambió y se volvió más incómodo, pero nos adaptamos e igual seguimos viajando.

MEDICINA: DE DÓNDE VENIMOS. El rollo de la pandemia –en lo individual y en lo colectivo- también sirve para poner muchas cosas en perspectiva. La humanidad siempre ha progresado gracias, fundamentalmente, a su optimismo vital, y es bueno recordar de dónde venimos en materia de salud y de expectativa de vida. Cito a Yuval Noah Harari en su imprescindible “Sapiens, de animales a dioses”: “Hasta el Siglo XIX, los mejores médicos no sabían cómo evitar la infección y detener la putrefacción de los tejidos. En los hospitales de campaña, los doctores cortaban de manera rutinaria las manos y las piernas de los soldados que recibían incluso heridas leves en las extremidades, pues temían la gangrena. Dichas amputaciones, así como todos los procedimientos médicos (como la extracción de muelas) se hacían sin anestesia. El uso regular de los primeros anestésicos (éter, cloroformo y morfina) no se introdujo en la medicina occidental hasta mediados del Siglo XIX”.

DE DÓNDE VENIMOS (II). “En los dos siglos transcurridos desde Waterloo (1815) las cosas han cambiado hasta volverse irreconocibles. Píldoras, inyecciones y operaciones delicadas nos salvan de una serie de enfermedades y heridas que antaño suponían una sentencia de muerte ineludible. También nos protegen de incontables dolores e indisposiciones que los individuos premodernos aceptaban simplemente como parte de la vida. La esperanza media de vida saltó desde los 25-40 años a alrededor de 67 en todo el mundo, y a unos 80 años en el mundo desarrollado. La muerte sufrió sus peores reveses en la liza de la mortalidad infantil (…) En la Inglaterra del Siglo XVII, 150 de cada 1.000 niños nacidos morían durante su primer año de vida, y un tercio de todos los niños habían muerto antes de alcanzar los 15 años. Hoy en día, sólo 5 de cada 1.000 bebés ingleses mueren durante su primer año, y sólo 7 de cada 1.000 mueren antes de alcanzar los 15 años de edad”.

EL HUEVO O LA GALLINA DE LA CRISIS. La Argentina vive dos crisis superpuestas, una política y una económica, que se potencian entre sí. El vértigo de las medidas políticas impacta en el desarrollo de la economía, y el (mal) desarrollo de la economía impacta en las decisiones políticas. Alfonso de Prat Gay planteó esta semana un dilema interesante, que parece el clásico del huevo o la gallina: que no es que la economía se deteriora porque Cristina avanza sobre las instituciones, sino que Cristina avanza sobre las instituciones a raíz de la velocidad del deterioro de la economía. Sería una especie de carrera contra el tiempo, en la cual la vicepresidente tiene miedo de que la economía estalle antes de que ella se limpie sus causas judiciales. Pero mientras lo hace, provoca que la crisis económica se profundice. ¿Qué será primero? ¿El huevo o la gallina?

BILLETES DE $ 5.000 (Y OTRAS DELICIAS).  Daniel Sticco, Infobae. “El BCRA se prepara para lanzar un billete de $ 5.000, equivalente a unos U$D 34, porque el actual máximo de $1.000 no alcanza siquiera para adquirir U$D 8 para ahorro, cuando en el mundo es moneda corriente que las nominaciones más altas en manos del público sea equivalente a 15 ó 25 veces más (…) Otra señal anticipatoria de un cambio de signo monetario en un tiempo cercano es la velocidad no sólo de aumento nominal del gasto público -al rango de los 14 dígitos para 2021, se aproxima a $ 10 billones-, sino la multiplicación por 10 del déficit fiscal en agosto respecto del registrado un año antes”.

Y UN VINO, POR SUPUESTO. La revista Decanter premió esta semana a muchos vinos argentinos, que lamentablemente no caben en este comentario. Pero el espumante mejor puntuado fue el Chandon Brut Nature, y lo elijo porque su historia sí tiene que ver mucho con la épica, considerando que Chandon está cumpliendo 60 años en la Argentina. El Barón de Ladoucette (el “Barón B”), a pesar de que vivía en un castillo en Francia, pasaba la mitad del año en Mendoza mientras buscaba el mejor terroir para la primera experiencia de Chandon fuera de su país de origen. Por suerte lo encontró en Agrelo, que en aquel entonces no tenía tendido de electricidad. El “Barón B” y Renaud Poirier, su primer enólogo, hicieron todo de la nada con dos ideas: clima frío y buena fruta para el espumante. Y después Chandon fue cada vez más arriba, hasta llegar a los 1.500 metros de hoy de la finca Cepas del Plata, en El Peral. Siempre tuvieron un espíritu emprendedor que viene, en el fondo, de la historia de la Champagne, lluviosa y fría, que se sobrepuso a todo lo imaginable para lograr ese vino con burbujas, que su maison en la Argentina produce con una calidad que nos enorgullece a todos los de por acá.

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