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Milei: Superávit o superávit o superávit / Newsletter de Mauricio Llaver

9 de junio 2024

EL SUPERÁVIT, LA TABLA DE SUPERVIVENCIA. Después del espectáculo de los diputados opositores votando por recomponer las jubilaciones, y de la respuesta previsiblemente enervada del presidente, queda claro que para Javier Milei todo pasa por una cuestión muy simple: aferrarse al superávit fiscal como eje central de su gobierno. Mantener el superávit no sólo le permitirá sanear las finanzas públicas, sino que será la única manera de que no se lo lleven puesto, porque es el gran argumento del presidente para seguir atacando a la “casta inmunda” o para decirle que le importa “tres carajos” que pretendan hacerlo gastar lo que no tiene. La paradoja es que el ajuste homérico de Milei, que normalmente debería ser una debilidad, termina siendo una fortaleza discursiva para él, porque le permite mantener la división entre buenos y malos, entre lo nuevo y lo viejo, entre el futuro y el pasado de decadencia. Si el proyecto saliera del Senado de un modo que Milei no lo pudiera vetar (con los famosos dos tercios), el Peluca podría recortar ese dinero de otras partidas y culpar a “los degenerados fiscales” frente a las víctimas de ese nuevo recorte. Para él, es una cuestión de “suma cero”: nada puede alterar el superávit fiscal. Ya no es sólo un principio de doctrina económica, sino que empieza a convertirse en la tabla de supervivencia de su gobierno.

EL RÍO VIENE BIEN ENREDADO (Y PERDÓN POR LA INQUIETUD). El espectáculo se da en medio de un momento económico lleno de interpretaciones confusas. Por una parte, aparecen las estadísticas de abril (o de marzo-abril como bimestre o de enero-abril como cuatrimestre) y todas son negativas. Por otra, asoman adelantos de mayo, donde en algunos sectores (construcción, industria) se aprecia un leve rebote y algunos hablan de que lo peor ya pasó. Todos son títulos periodísticos, que alimentan el nerviosismo de los mercados, y las interpretaciones pueden ser muy heterogéneas. Así que lo mejor es calmarse un poco, mirar con un ojo la actividad diaria de cada uno y con el otro la película completa, y transitar este momento lo mejor posible, porque el río viene muy enredado. Según lo que se mire, se puede llorar a moco tendido o avizorar la posibilidad de una salida. Y perdón por la inquietud, pero hay una pregunta que me empieza a intranquilizar: ¿Y si todo el esfuerzo de estos meses se frustrara? ¿Cómo seguiríamos, y con quiénes?

POR AHORA, HAY AGUANTE. Esta semana disertaron en la bodega Lagarde Martha Reale, de Reale Dalla Torre Consultores, y el economista Fernando Marengo, de BlackToro Global Investments. Martha no necesita demasiada presentación después de tantos años como encuestadora, pero de Marengo conviene decir que se formó con Ricardo Arriazu, uno de los macroeconomistas más respetados de la Argentina. Ambos hablaron de la coyuntura política y económica, y los principales conceptos del encuentro pueden resumirse así:

Política (Reale):

A seis meses de su gobierno, Javier Milei posee una imagen positiva de 52.5% (encuesta nacional cerrada el 30 de mayo).

Su imagen personal supera a la de su gestión de gobierno (47,4%).

El 50% confía en que Argentina llegará a un crecimiento sostenido en el largo plazo y el 47.6% votaría a un candidato que apoye al gobierno.

La inflación ya no es la principal preocupación, sino la pérdida de poder adquisitivo.

Milei pierde apoyo entre el segmento de mayor edad (jubilaciones) pero lo incrementa entre mujeres de 30 a 45 años (probablemente por la ayuda social directa del Ministerio de Capital Humano, con menos intermediarios que antes).

Los grandes activos de Milei son el equilibrio fiscal y la debilidad opositora: la imagen positiva de quienes le siguen es: Victoria Villarruel (45.8), Patricia Bullrich (45.6) y Karina Milei (30.4). Recién después aparecen Axel Kicillof (29.7), Cristina Kirchner (25.4) y Martín Lousteau (15.3).

En pocas palabras, por ahora hay aguante y no hay nadie enfrente con posibilidades de hacerle sombra a Milei. La pregunta del millón es hasta cuándo se puede extender esa tolerancia.

Economía (Marengo):

El ancla fiscal y cambiaria han sido correctas para el plan de estabilización.

El gobierno ha hecho un sobreajuste de 2 puntos del PBI y desde 2003 no se compraban tantos dólares en el tiempo que lleva en el poder.

No hay que esperar una devaluación, porque salir del ancla cambiaria implicaría inflación y el regreso al círculo vicioso de un nuevo aumento del gasto y posterior devaluación.

Hay sustento para la recuperación de la actividad, basado en cuatro factores: menor monetización; recuperación del PBI agropecuario (+50%) por una cosecha sin sequía; bancos obligados a prestarle al sector privado (no más la vaca atada de prestarle al Estado); probable ingreso de capitales gracias a un blanqueo con precio barato de acciones argentinas.

Para que la recuperación se transforme en crecimiento sostenido, hay que agregarle institucionalidad y competitividad, entre otros factores.

Fortalezas macro de la Argentina: agroindustria, hidrocarburos, cobre, litio. Los recursos naturales de la Argentina equivalen a 23 veces su PBI (salvo que hay que explotarlos, obvio).

Minería: el 75% de lo que se invierte en el mundo queda en el lugar. (Mendoza: discutir la minería con 50% de pobres “es obsceno”).

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LOS ANDES VUELVE A MANOS MENDOCINAS. El diario Los Andes volvió esta semana a manos mendocinas, con el anuncio oficial de su adquisición por parte de Grupo Broda, Andesmar, Grupo LTN, Da Fré Obras Civiles, Familia Giuffré, Sur France y Halpern, con Joaquín Barbera como presidente de la sociedad editora. Es una buena noticia para Mendoza y un reto de proporciones para una empresa de 140 años, en una época de cambio de paradigma en el periodismo escrito, vértigo tecnológico y sobreabundancia de información. Los Andes tiene el desafío de retomar su lugar como centro del debate público en Mendoza y de ser una referencia ineludible entre los políticos, empresarios, académicos, profesionales y mendocinos de a pie, algo que lo caracterizó durante gran parte de su historia y que aprendí durante los 15 años que pasé en su redacción. Será bueno para todos que la apuesta de los nuevos responsables consiga sus objetivos.

Y UN VINO, POR SUPUESTO. Esta semana abrí una botella de El Enemigo Cabernet Franc 2021, pero ya no hace falta que mire ni el varietal ni la añada de lo que voy a tomar. Es uno de esos vinos que no fallan nunca, y con el cual tengo una pequeña historia personal: fui uno de los primeros que lo probó en una degustación con Alejandro Vigil en diciembre de 2010, en un grupo en el que estaban Jorge Pérez Cuesta, Andrés Gabrielli y Enrique Chrabolowsky, entre otros amigos. Aquella vez degustamos unos Catena Zapata y unos vinos franceses de altísima calidad, y de pronto Alejandro destapó un Enemigo, como para mostrarnos lo nuevo que estaba experimentando. El impacto fue inmediato entre todos los presentes, y desde entonces Vigil no se detuvo ni por un instante en su ascenso al estrellato internacional (esta semana estuvo haciendo degustaciones en Nueva York). No hay dudas de que, desde un principio, El Enemigo se transformó en un símbolo de que algo nuevo se estaba gestando en el vino argentino. Con ese bagaje de recuerdos, cada botella que destapo me remite a aquella degustación inolvidable.

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