Hay nombres que forman parte de una escena. Y hay otros que, con el tiempo, empiezan a explicar algo de ella.
¿Qué es Rueda en el ambiente cultural mendocino?
La pregunta no entra fácilmente en un casillero.
Abogado de formación. Marchand. Gestor cultural. Consultor. Comunicador.
Pero hay algo que lo distingue.
Convoca.
Lo hizo hace más de veinte años y lo sigue haciendo hoy.
Artistas. Empresas. Instituciones. Profesionales. Públicos.
Su sello parece estar menos en ocupar el centro que en conseguir que otros quieran estar allí.
¿Será esa su manera de ejercer liderazgo?
¿Será que controla suficientemente su ego como para permitir que la foto se la lleven otros?
Hay algo más.
La sencillez.
No como pose. Como vocación.
Una forma directa de relacionarse con un artista, un empresario, un funcionario o alguien que entra por primera vez a una exposición.
Tal vez por eso empresas que estuvieron en aquella primera experiencia de Rueda en Chandon, en 2005, continúan acompañando sus proyectos.
También armó colecciones para empresas, como PaP, y durante años trabajó para que el arte encontrara nuevos espacios fuera de los circuitos habituales.
Hace casi una década asumió la dirección de ArteH, el espacio de Hipercerámico. En octubre termina allí una etapa de diez años. No termina una trayectoria.
ArteH fue apenas uno de los capítulos de un recorrido que ya llevaba más de una década cuando comenzó.
Pero Rueda no se quedó solamente en Mendoza.
Llevó artistas a otros países. Participó en ferias y festivales. Gestionó exposiciones en el Instituto Cervantes y en la Universidad de Frankfurt. También en el Kurssal de San Sebastián y en los circuitos de golf de Marbella. Trabajó para que obras mendocinas ingresaran en museos y colecciones fuera de la provincia.

Mendoza, hacia afuera.
Y también hacia adentro.
Fue convocado por dirigentes y gestiones de distintos signos políticos. Abrió, junto a equipos de gobierno, puertas de espacios culturales que llevaban años cerrados. Museo. Biblioteca. Teatro.
Siempre con una idea bastante simple:
la cultura necesita gestión, pero también necesita decisión.
Rueda conoce los buenos momentos.
También los malos.
Sabe que el mercado del arte mendocino todavía necesita construirse. Que faltan públicos, compradores, circulación y mayor compromiso empresarial.
Y no parece cómodo con la indiferencia política frente a la cultura.
No habla de la cultura como adorno.
Habla de territorio.
De identidad.
De trabajo.
De oportunidades.
Ahora prepara un libro.
Lo publicará Bisman Editores y tendrá el diseño de Diego Pinilla Amaya. Más de 80 empresas e instituciones, públicas y privadas, aparecen vinculadas a una experiencia que comenzó mucho antes de que existiera el libro.
Quizás allí esté la verdadera noticia.
No será solamente un libro sobre Rueda.
Será un libro sobre una manera de hacer.
Una manera de conectar cultura, empresa, instituciones y territorio.
Y aparece nuevamente la pregunta.
¿Qué es Rueda en el ambiente?
Tal vez todavía no haya una sola respuesta.
Porque quizá su mayor mérito no haya sido ocupar un lugar.
Sino abrirlo.
Y si muchas ciudades del mundo entendieron que la cultura podía convertirse en identidad, desarrollo y proyección, cabe preguntarse:
¿Y si Mendoza tuviera delante una experiencia que todavía no terminó de leer?




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