Mendoza Newsletter de Mauricio Llaver

Un carrusel de emociones / Newsletter de Mauricio Llaver

Este Newsletter es un carrusel de emociones: desde las más amargas, como la proyección de qué puede pasar con la Argentina, hasta algunas esperanzadoras, como las posibilidades de Mendoza de enfrentar ese panorama. Y con cosas para el alma, como algo que le leí a John Lennon hace 40 años y se me quedó grabado para siempre. Y un vino, por supuesto.

13 de diciembre 2020

LAS OBSESIONES Y DESPRECIOS DE CRISTINA. Cuando se lee la nueva Epístola de Cristina a los argentinos, se advierten claramente sus obsesiones, su agenda y sus desprecios. Sus obsesiones son la Justicia (que la persigue a través del “lawfare”) y Macri (más precisamente, “la economía arrasada del macrismo”). Y su desprecio es por Alberto Fernández, a quien ni siquiera menciona por su nombre y lo considera simplemente como “el Poder Ejecutivo”. En un año de datos económicos catastróficos, ninguna mención a las cifras de desempleo, pobreza, inflación (con tarifas congeladas) ni al precio de los alimentos. Sólo un elogio para la renegociación de la deuda (que Macri tuvo que tomar para no ajustar el desajuste que le había dejado ella) y a las ayudas monetarias por la pandemia, para las cuales no hacía falta otra virtud que acelerar la maquinita. La carta es muy importante porque refleja en carne viva los sentimientos de la persona que marca el rumbo de un gobierno cuyas decisiones nos afectan a todos.

UNA REFLEXIÓN AMARGA: ARGENTINA. Las cifras de pobreza de la UCA (44,2%); los balances tan mediocres del primer año de AF-CFK; las bases ideológicas de las cartas de Cristina; las asimetrías brutales entre diferentes provincias; la destrucción de la cultura del trabajo; el desmoronamiento de la educación pública, me llevan a la reflexión más incómoda de todas, pero que ya es hora de hacer: estamos fracasando. Y fracasando en grande. Hemos destruido el pacto de convivencia de 1983 (los que están de mi lado son buenos, aunque dejen los dedos pegados hasta en la máquina de hacer billetes; y los otros son malos sólo porque son los otros; el ajuste a los abuelos es malo si lo hace el otro, pero si lo hace el mío me callo la boca, etc.); la sociedad está más dividida que nunca (con una parte de ella con sobredosis de ideología); y la distancia entre la clase política y los ciudadanos de a pie se ensancha día tras día. Vamos camino, y en serio, a ser un “Estado fallido”, en el que nadie cree en nada. Y a que el mundo sufra “Fatiga de Argentina”, expresión diplomática que refleja la mirada misericordiosa sobre alguien cuando se observa que ya no se puede hacer nada, que no hay caso, que si él solo  no se quiere salvar, ya no hay nada que hacer desde afuera. Perdón por la crudeza, pero es hora de plantearlo así.

UNA REFLEXIÓN ALGO OPTIMISTA: MENDOZA. Como Mendoza está dentro de la Argentina, estamos atados a su destino. Pero tenemos algunas herramientas para pensar en defendernos mejor. Ya es hora de lanzar en serio (pero en serio-serio) una política de máxima autonomía de Mendoza y de conseguir capitales que quieran salir de otras provincias. Así de brutal. Un ejemplo de que se puede encarar la autonomía de manera diferente fue la interpretación de aquel decreto de AF que nos quiso mandar de vuelta al aislamiento por el Covid. Hicimos la nuestra, y salió muy bien. También se puede hacer lo mismo en muchas otras cosas: negociaciones internacionales directas (como los reactivos que compramos a Corea a principios de la cuarentena); lobbistas nacionales que estén en cada ministerio, cada secretaría y cada organismo en el cual se juegue algo de nuestros intereses, y políticas de atracción de empresas con ventajas fiscales. Lo voy a poner negro sobre blanco: que si la Argentina se sigue hundiendo, incluso mientras se definen otras formas de organización política, Mendoza se vea como una tabla de salvación dentro del país. ¿Es fácil? No. ¿Tenemos con qué hacerlo? Bastante. Todas, todas, todas las ideas que aportemos serán importantísimas.

ABORTO: UN PROBLEMA PARA (Y CON) EL PAPA FRANCISCO. Cuando los argentinos juzgamos al Papa Francisco, tenemos un problema de provincianismo. Ignoramos que es un monarca de influencia universal (“católico” quiere decir justamente eso: “universal”) y juzgamos todo lo que hace en clave argentina. Es un error, al que se suma que no tenemos experiencia para interpretar lo que hace, simplemente porque nunca antes tuvimos un Papa. Pero ahora, con la probabilidad de que el aborto sea finalmente ley, estamos por meterlo en problemas a él. Porque el aborto es un tema central del Vaticano, uno de sus principios irrenunciables, y podría ser legal hasta en el propio país de su jefe. Lo cual sería una segunda derrota dentro de su papado, porque la República de Irlanda (donde la mismísima identidad nacional está asociada al catolicismo) también votó afirmativamente por el aborto en 2018. Dos retrocesos de esa magnitud para la Iglesia Católica, en tan poco tiempo, no serían gratuitas para su Pontífice, por lo que hay que esperar que sus adversarios tomen nota de ello. Junto al fracaso de impedir que la Basílica de Santa Sofía, en Estambul, que era laica, volviera este año a ser proclamada mezquita por el Islam, con quien se juega el Gran Partido. Los problemas de Francisco no son menores. Y esta probable derrota en su propia patria tendrá influencias en su relación con el gobierno que la impulsó. Hay que esperar un despliegue diplomático de proporciones de la Iglesia antes de la votación en el Senado, porque si finalmente el aborto se aprobara, sería un problema para ambas partes.

COSAS DEL ALMA: “PRODUCIR EL SUEÑO PROPIO”. (John Lennon, 1980, pocas semanas antes de ser asesinado, cuando le preguntaron –Dios mío- sobre cuál era su sueño para los tiempos que venían). “La verdad es que cada uno crea su propio sueño. Esa es la historia de los Beatles, ¿no? Es la historia de Yoko. Es lo que estoy diciendo ahora. Producir el sueño propio. Si quieres salvar al Perú, vete al Perú. Es enteramente posible hacer cualquier cosa, siempre que no se la dejes a los líderes o a los parquímetros. No cuentes con que Jimmy Carter y Ronald Reagan o John Lennon o Yoko Ono o Bob Dylan o Jesucristo vengan a hacerte las cosas. Tienes que hacerlas tú mismo. Es lo que vienen diciendo los grandes maestros y maestras desde el comienzo de todos los tiempos. Pueden señalar el camino, dejar señales y breves instrucciones en diversos libros que ahora llamamos sagrados y que veneramos por sus tapas y no por lo que dicen, pero las instrucciones son bien visibles para todos, siempre estuvieron allí y siempre lo estarán. No hay nada nuevo bajo el sol. Todos los caminos conducen a Roma. Y la gente no puede proporcionártelos. Yo no puedo despertarte. Tú puedes despertarte. Yo no puedo curarte. Tú puedes curarte a ti mismo”.

Y UN VINO, POR SUPUESTO. Daniel Pi es un tipo tan sencillo que cuando le pregunto por su mayor logro profesional, lo primero que dice es “no sé”, con una sonrisa. Pero después, de a poco, empieza a reconocer que ser Director de Enología del Grupo Peñaflor es un orgullo. Porque claro, eso significa ser el número uno, en su materia, del grupo vitivinícola más grande de la Argentina. Allí ingresó en 1992, con lo cual, cuando repasa, también se da cuenta de que son casi tres décadas. Y entonces encuentra otro agregado para la respuesta: “La industria del vino era muy distinta en ese entonces, así que está bueno haber contribuido, junto con muchos otros, a cambiar la historia del vino en la Argentina”. En Peñaflor, Trapiche, El Esteco, Costa y Pampa, etc., hacen vinos y marcas en cantidad y calidad, con números para el asombro. Pero Daniel también tiene su proyecto propio, Imperfecto, que desarrolla con sus hijos Daniela y Gonzalo. A pesar de que la marca hizo su camino, lo sigue considerando en espíritu como un “vino de garage”, con lo cual se puede decir que el círculo está completo: desde los grandes volúmenes industriales del Grupo, hasta el proyecto familiar, Daniel Pi tiene la capacidad de darle un toque de calidad a todo lo que hace. Y no sólo es un maestro por eso, sino porque además es un gran tipo.

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