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Autos: por qué es una utopía la meta oficial de 700.000 unidades de producción nacional

“El Gobierno tiene la meta de producir 700 mil unidades este año”, repitió el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich el último lunes, sumándose a los ministros de Economía, Axel Kicillof; y de Industria, Débora Giorgi; más el jefe del SMATA a nivel nacional (aliado al kirchnerismo), Ricardo Pignanelli; que también han puesto a ese número como el que se puede alcanzar.
Sin embargo, si existiera una escala del 1 al 10 en el que uno es la realidad pura y diez las utopías, difícilmente este objetivo pueda calificarse con menos de un 9 y sólo pensando en que en algún tipo de milagro económico pueda ocurrir de acá a fin de año.
Y no se trata de ser pesimista porque sí, sino de analizar objetivamente las cifras que mensualmente informa la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA) y evaluar que no parece razonable imaginar una meta que está 100.000 autos ó 16,7% por encima de la que la tendencia indica que se logrará.
Las razones:
1) Hasta agosto se fabricaron en todo el país 403.534 vehículos. Esto significa un promedio de poco más de 50.000 autos mensuales. Para llegar a 700.000 en 2014, los últimos cuatro meses deberían sumar unos 74.000 por mes; es decir, que la actividad debería incrementarse casi un 50% en sólo un par de meses. En un contexto dominado mayoritariamente por suspensiones, freno del mercado brasilero y ventas locales repuntando pero de manera incipiente, no suena posible semejante reactivación en las terminales.
2) Lo anterior asoma aún menos probable si se tiene en cuenta que el promedio mensual de los últimos cuatro meses debería ser superior al promedio de 2011, año récord en la historia automotriz con 828.771 unidades fabricadas, a razón de 69.000 por mes. La marca máxima para un mes corresponde a junio de ese año, con 80.795 vehículos. En otras palabras, el promedio del último cuatrimestre actual debería estar apenas 8% abajo del máximo nivel de producción de toda la historia.
3) Los 400.000 autos ensamblados de enero a agosto están 25% por debajo de la actividad de 2013 y configuran la segunda cifra más baja desde 2008, sólo por encima de los 291.149 de 2009, año signado por los efectos de la crisis financiera internacional. Por más optimista que uno pueda ser, no resulta razonable pensar que, en sólo cuatro meses, 2014 pase a ser el peor año de los últimos cinco a estar en el podio de los mejores de la historia.

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